<<Entiéndeme. No soy como un mundo ordinario. Tengo mi locura, vivo en otra dimensión y notengo tiempo para cosas que no tienen alma.>> Charles Bukowski
En el año 71 Oscar, al tiempo que estudiaba matemáticas en la Universidad de Antioquia, oficiaba como entrenador en la misma Universidad y ya su pasión por el ajedrez prácticamente consumía la mayor parte de su tiempo y energía. Ese año, viaja nuevamente a Europa a jugar otra vez el Campeonato Mundial Juvenil en Atenas, que fue ganado por el suizo Werner Hug. Allí Castro no tuvo una actuación tan descollante y finalizó en posiciones intermedias de la tabla, pero estos viajes al exterior le permitieron abrir su mente a nuevas culturas y desde entonces se convirtió en habitual viajero al viejo continente. En el año 72 en la ciudad austriaca de Graz representa a Colombia en el campeonato mundial universitario por equipos y decide entonces radicarse en Europa, principalmente en España, donde comienza a jugar numerosos torneos abiertos. Era habitual ver a Oscar alzarse con el triunfo en muchos de esos eventos y la prensa española ya se deshacía en elogios hacia el maestro colombiano. Además, como él mismo Oscar lo contaba “vivía bastante feliz, tenía mucho éxito y ganaba bastante dinero”. En el año 74 asiste como primer tablero de Colombia en la olimpiada de Niza.
Oscar comenzó a moverse por toda Europa jugando muchos torneos a donde era habitualmente invitado. Su condición de ciudadano de un país lejano llamaba mucho la atención de los organizadores y por eso no era raro que fuese consuetudinario participante de torneos alrededor de todo el viejo continente. Sin embargo, como nómada eterno, Oscar iba y venía. En el año 72 en una de sus visitas a Colombia, en Barranquilla Castro empata en el primer lugar del Campeonato Nacional de Ajedrez con los maestros Francisco Muñoz y Juan Minaya. Luego en el desempate en Cali, Castro gana y logra su primer campeonato nacional. En el año 75 regresa por estas tierras a jugar el campeonato Centroamericano y del Caribe en República Dominicana donde resulta triunfador. Allí logra su título de Maestro Internacional. Este triunfo le dio derecho a jugar el Torneo Zonal en Cuba el cual también gana. Por aquellos años se jugaban torneos subzonales y zonales previos a los torneos interzonales luego de lo cual se clasificaba finalmente al Torneo de Candidatos. Oscar clasifica entonces al Interzonal de Biel que se jugó en el año 1976. Un torneo sumamente fuerte cuya nómina estaba encabezada por los ex campeones mundiales Petrosian y Tal y habituales candidatos al título como Larsen, Hubner, Geller y Portisch.
Una nómina de lujo por donde se le mire. Castro, de 23 años para entonces, finalizó en las últimas posiciones ganando 3 partidas, empatando 6 y perdiendo 10. Sin embargo, la noticia mundial la constituyeron sus dos victorias, primero sobre Efim Geller y, luego sobre el ex campeón mundial Tigran Petrosian. Este último encuentro tiene su particular historia. Era muy raro y un caso excepcional que Petrosian perdiera. Su estilo hiper sólido y su comprensión inmensamente lógica del juego hacían que se le considerara el defensor más fuerte en la historia del ajedrez. Castro sacrificó dos peones para montar un ataque (lo que posteriormente alguien calificó como la “danza de los caballos blancos”).
Estando un poco inferior en la posición, Petrosian le ofrece tablas a Oscar, pero lo hace de manera incorrecta; es decir, ofrece las tablas sin haber realizado la jugada y Oscar se lo hace ver: “Maestro, haga su jugada primero”. Petrosian hace entonces su jugada pero ya no mantiene la oferta de tablas y la partida continuó. Varias jugadas después, la partida se encaminaba hacia un empate por repetición de jugadas. Sin embargo, Petrosian reclama tablas nuevamente de forma errónea, pues lo hace cuando Castro tiene el turno de jugar y no cuando le toca jugar a él. Castro varía entones la jugada y en un gran apuro de tiempo de Petrosian, Oscar comienza a maniobrar con los caballos y lo deja en red de mate. El excampeón mundial tuvo que entregar material para entrar en un final perdido.
Fue la única derrota de Petrosian en el torneo y esto casi le cuesta la clasificación al final. Por esta victoria, Victor Korchnoi, enemigo acérrimo de Petrosian por entonces, le envió 100 dólares a Oscar como regalo por haber vencido a Tigran.
En este mismo torneo Castro también derrotó a otro GM de mucha importancia histórica en el ajedrez: el ucraniano Efim Geller. Estas dos victorias catapultaron a la fama a Oscar y muchos auguraban que se convertiría en GM muy pronto.
En ese mismo año de 1976 en el Torneo de Costa Brava, Oscar logra una actuación superlativa logrando 6.5 pts de 9, alcanzando el segundo lugar detrás de Larsen a quien derrotó en el encuentro individual. Esto le valió para que alcanzara norma de Gran Maestro.
A mencionar también otras actuaciones importantes como el Torneo de Manresa 1977 donde logró el primer lugar. Su segundo puesto en el torneo de Linares 1979 donde, contra
una nómina de lujo encabezada por Korchnoi, Christiansen, Ermenkov, Rivas, etc. Castro alcanza nuevamente norma de GM. Primer puesto en Paraguay 1985, segundo en Mar del Plata 1986, primero en el Carlos López in Memoriam 1987. Estos son solo una muestra de sus triunfos porque son innumerables los torneos en los cuales Castro alcanzó actuaciones fulgurantes.
Castro fue cinco veces campeón nacional: 1972 (Barranquilla-Cali), 1974 (Medellín-Bogotá), 1992 (Armenia), 1994 (Medellín) y 1999 (Fusagasugá). Estuvo, además, representando a Colombia en ocho olimpiadas mundiales, siempre con actuaciones destacadas.
Olot es una pequeña ciudad española situada en la provincia de Gerona en Cataluña. Por los años 80, Olot contaba con un importante Club de Ajedrez del cual formaba parte Oscar. Allí también jugaba un conocido de la afición ajedrecística colombiana, el MI Francisco Javier Sanz quien fue amigo personal de Oscar y compartían, de hecho, vivienda en Barcelona. Todos los jugadores tenían contrato con el club a excepción de Oscar quien nunca firmó contrato. Tal como lo reseña el maestro colombiano Rafael Saladén, quien fue muy amigo de Oscar, en el libro “Oscar Castro- el jugador” compilación de entrevistas de Santiago Arango: “Oscar hacia parte del equipo Olot, pero nunca llegó a tener un contrato formal. Desde el comienzo habló con el dueño del club y llegaron a un acuerdo. Castro le dijo: “A mi no me pague nada de sueldo. Cuando yo necesite algo le digo. Y así lo hicieron. Castro podía estar en el sitio más apartado del mundo, sin un peso en el bolsillo. Llamaba al señor y allá le llegaba el giro”.
Esto es solamente una muestra de la extraña relación que tenía Oscar con el dinero y la confianza tan marcada que le tenían en España, no solamente el dueño de este club por ejemplo, sino prácticamente todos los organizadores de torneos en España, quienes le pagaban, además de los premios de los torneos, los viáticos, el alojamiento, la comida, etc. Oscar era, por esa época, definitivamente un privilegiado porque los organizadores veían en el no solamente un jugador de excepcional condición técnica, sino que él también se hacía querer por su cultura y don de gentes.
Eduardo Bermúdez es un Phd en Psicología y profesor de la Universidad del Atlántico, aparte de destacado ajedrecista.Fue muy amigo de Castro en su momento y tuve una charla con él para que me contara detalles de su relación con el maestro colombiano. “En la vida de Oscar hay un capítulo que no ha sido suficientemente valorado y es el capítulo Caribe. El Caribe para Oscar siempre representó algo muy querido y valioso y eso es importante tenerlo en consideración”, me dice. “Comenzando por el año 72 cuando aquí, en Barranquilla fue donde empató el primer en el campeonato nacional, que a la postre lo coronó campeón en Cali. Ese año fue la primera vez que vi a Oscar. Ocasionalmente visitaba Barranquilla entre los 70 y los 80s y se quedaba por temporadas, pero como Oscar ha sido un eterno transeúnte del mundo pues iba y volvía. Por el año 87, yo me encontraba en Bogotá y coincidí una noche con Oscar en el Club Los Maestros. En ese club era habitual encontrarse a maestros como Oscar, Jorge González “pepino”, Zapata, etc. Lo invité a que ofreciera unas simultáneas en Barranquilla y eso le agradó bastante pues ya quería ausentarse un tiempo de la capital. En el año1989 Colombia fue sede del Campeonato Mundial Juvenil en Tunja y el crédito de Colombia era el juvenil Marcio Melgosa. Castro ofició de entrenador de Marcio en su preparación para el mundial y, de hecho, también cubrió el evento para la revista Ajedrez Universal.
En una de sus ocasionales visitas a Barranquilla lo llevé a conocer la biblioteca de ajedrez más completa y variada que había en Colombia y que era propiedad del más grande coleccionista de libros de ajedrez que ha tenido el país, Luis E. Márquez Lascano. Oscar quedó completamente embelesado al verse rodeado de tantos volúmenes de historia del ajedrez, tomos de aperturas, tratados de estrategia y táctica, biografías y toda la amplia gama de temas ajedrecísticos pues no había ítem del ajedrez que la biblioteca de don Luis no tuviera cabida. Allá volvimos en varias ocasiones y Oscar no desaprovechaba la oportunidad para leer y escudriñar entre los libros que alguna vez había querido leer y no había podido”.
Eduardo coincide, como muchos, en que Oscar tenía la suficiente fuerza para ser Gran Maestro y si no lo fue, no fue por falta de talento o fuerza ajedrecística, elementos con que
contaba de sobra, sino por circunstancias y avatares de la vida ya ajenas al ajedrez. Hace un comparativo con el hecho de que en el año 76 Castro tuvo un perfomance tan
espectacular - con sus victorias sobre Petrosian, Geller y Larsen (números 3, 6 y 9 del mundo)- “que es como si ahora un MI colombiano de 2500 de Elo le ganara a Caruana, Abdusatorov y Wesley So en el mismo año”.
Oscar Castro se casó en dos ocasiones: la primera fue con una pintora argentina – Marcia Schvartz. Huyendo de la dictadura argentina, ella emigró a España y allá conoció a Oscar en Barcelona por el año 76. Tal como lo menciona ella “A él lo enamoro mi tristeza y a ambos nos unió la nostalgia del tango”.
Comenzó a acompañarlo en sus periplos ajedrecísticos por España y después de unos años de relación dejaron juntos Europa. Era el año 81, él regresó a Colombia y ella a Argentina. Luego de unos años se volvieron a juntar en Barcelona y ya en ese momento viajaron los dos a Buenos Aires. Allí Castro reafirmó su vieja y entrañable pasión por el tango mientras participaba en torneos de Ajedrez. Tuvieron un hijo – Bruno – hecho que sirvió para solidificar su relación. Entre los ires y venires de Oscar a Colombia y España y a de ahí a otros sitios del mundo (como era su costumbre como trashumante eterno), se veían en esporádicas ocasiones en Barcelona o cuando Oscar iba a visitar a su hijo en Buenos Aires. Luego los encuentros se volvieron más distantes debido en parte al marcado desinterés de Oscar por el dinero, lo cual le impedía viajar con la frecuencia que
hubiera querido; a pesar de que mantenían una comunicación telefónica frecuente, la relación finalmente se terminó diluyendo.
El segundo matrimonio de Oscar fue con Vivian Salcedo, una joven empresaria barranquillera. Se casó con ella con todas las formalidades del caso, algo que se podría catalogar como un hecho inusitado, dada la proverbial aversión de Oscar a las formalidades y a todo lo que tuviera que ver con etiquetas sociales. Con ella se casaron en el 90 y estuvieron conviviendo juntos hasta el año 92.
Según afirma Rafael Saladén “En el caso de Vivian, Oscar estuvo muy enamorado. Seguramente con muchos conflictos, porque a los dos años ya estaban separados…Oscar
definitivamente no era un hombre que pudiera catalogarse como un buen esposo. Viajaba constantemente y el tema del ajedrez le demandaba mucho tiempo…”. Según Carlo Vittorino, MI y también especial amigo de Oscar “…Hacia finales de los 80s, Oscar viajaba con mucha frecuencia a Estados Unidos, jugaba los torneos que quería y obtenía buenos resultados. Luego, Vivian lo apoyó en todos sus proyectos de ajedrez. Pero cuando se separó de ella, esto lo afectó demasiado, lo vi vivir un tiempo muerto. A partir de ese momento no volvió a jugar en el plano internacional…”
Sin embargo, a pesar de todas las vicisitudes y del hecho de que convivir con Oscar no debería ser una tarea fácil, esa relación con Vivian marcó definitivamente la vida de Oscar de muchas maneras. Aparte de contar con un apoyo económico estable (Vivian era una mujer pudiente), ella se convirtió también para él en un apoyo anímico innegable.
Cuenta Eduardo Bermúdez que “un día me llamó Boris de Greiff desde Bogotá y me comentó que, luego de un periodo de excesos bohemios, el maestro Oscar estaba recuperando la senda de los éxitos y ello se debía, en gran parte, a su renovada vida en Barranquilla: espejuelos nuevos, cédula nueva, pasaporte nuevo y el amor de su nueva e inspiradora musa caribeña…”
Oscar fue siempre un enamorado de las mujeres. Lo seducían su gracia, su generosidad e innegablemente, su belleza. Y ellas veían en él a un ser extraño, diferente, de singular cultura y refinamiento. Y eso también las seducía. Tal como afirma Marcia Schvartz “Su desapego y su profunda libertad me enseñaron a ver el mundo con menos miedo…”
“Poderoso caballero es don Dinero”, escribía el genial poeta español Francisco de Quevedo allá por el siglo XVII. Sin embargo, al menos indicado que se pudiera aplicar esta frase sería a Oscar, porque si algo le interesaba menos en la vida era el dinero. Es cierto que durante su época de esplendor en España donde logró tener bastante holgura económica o durante su relación con Vivian donde Oscar volvió a sentir lo que era tener comodidades, al final de su existencia fue todo lo contrario. Oscar era fiel representante de lo que el budismo zen llama el “desapego”, solo que él lo llevaba a extremos inusitados
Era común verlo llegar a los torneos llevando solo una bolsa como equipaje y con cero pesos en el bolsillo, aunque siempre aparecía alguien que le facilitara un poco las cosas con un préstamo o un patrocinio. Su desapego hacia el dinero era tal que ya son legendarias las historias que se cuentan donde regalaba lo que recibía de premio por los torneos, o invitaba a indigentes a comer o cerraba establecimientos para que todo el mundo bebiera a costa suya. Y le debía a cada santo una vela. Como relata Leontxo García en el prólogo al libro de Santiago Arango, Oscar solía decir: “Hay días en que me levanto por la mañana y decreto una amnistía general. Mis deudores quedan perdonados y a los que les debo plata deben perdonarme. Pero los del segundo grupo siempre son más numerosos que los del primero!”. “Estoy en economía de guerra!” era otra de sus frases de cajón.
Oscar pasaba sus días siempre como en una tensa partida de ajedrez, en el filo de la navaja. El célebre poeta paisa Ciro Mendía no podía resumir mejor la existencia de esos seres desarraigados, caóticos y a veces llenos de desesperanza: “Tengo en mi cama caimanes y en mi pecho alacranes… y en la esquina un policía!” Tantas y tantas historias se podían seguir contando de Oscar que se podrían llenar páginas y páginas o escribir libros enteros porque su existencia en sí misma era un mundo aparte. Un ser que cuando pasaba solía dejar tras de sí, como estela, la sugestión de una angustia. Llegaremos a comprender algún día este mundo en su totalidad? Difícil responderlo porque con certeza el único que
conocía el verdadero sentido de su existencia era el mismo Oscar. No podíamos terminar esta semblanza sin dejar plasmadas aquí una de las estrofas de su tango más adorado: Sur, de la autoría de un grande del tango en Argentina– Homero Manzi:
Sur
Paredón y después
Sur
Una luz de almacén
Ya nunca me verás cómo me vieras
Recostado en la vidriera
Y esperándote
Ya nunca alumbraré con las estrellas
Nuestra marcha sin querellas
Por las noches de Pompeya
Las calles y las lunas suburbanas
Y mi amor en tu ventana
Todo ha muerto, ya lo sé…
ALGUNAS DE LAS MEJORE PARTIDAS DEL IM OSCAR CASTRO