En la historia del ajedrez, hay nombres que trascienden por sus títulos y otros que se convierten en leyenda por su espíritu. Alvis Vitolins, nacido el 15 de junio de 1946 en Sigulda, Letonia, pertenece a esta segunda categoría. Maestro Internacional desde 1980 y siete veces campeón de su país, su vida fue un canto a la creatividad y una lucha constante contra las sombras que lo acompañaban.
Vitolins alcanzó un Elo de 2475 en 1981, una cifra que reflejaba su condición de jugador fuerte y competitivo en el circuito soviético. Más allá de los números, dejó huella en la teoría: dos variantes de la Defensa Siciliana llevan su nombre, tanto en la Scheveningen como en el Dragón. También profundizó en el Gambito Cochrane contra la Defensa Petrov, mostrando un arrojo que pocos se atrevían a imitar.
Su amistad con Mijaíl Tal, el “Mago de Riga”, es una de las facetas más fascinantes de su biografía. Ambos compartían largas sesiones de blitz, partidas rápidas donde la genialidad de Vitolins podía medirse con el mejor jugador de blitz del mundo en aquella época. Tal lo consideraba un espíritu afín, alguien que jugaba por la belleza de las ideas más que por el resultado.
Se cuenta que en partidas informales prefería usar un reloj de arena en lugar de un reloj de ajedrez, convencido de que el juego era, en esencia, una lucha contra el tiempo. Entre sus colegas era conocido como “Dlinny”, un apodo que aludía a su físico alto y robusto, y que reforzaba la singularidad de su presencia en el tablero: prefería perder con una combinación brillante antes que ganar con un plan rutinario.
Algunos testimonios señalan que en 1968 Vitolins colaboró en la preparación de Mijaíl Tal para su enfrentamiento contra Viktor Korchnoi, demostrando que su talento no solo brillaba en el tablero, sino también en el análisis profundo de aperturas. Su capacidad para encontrar ideas originales lo convirtió en un recurso valioso para los grandes maestros soviéticos.
Se dice que tenía una pasión especial por los gambitos. Jugaba con frecuencia el arriesgado Gambito Cochrane en la Defensa Petrov, incluso contra rivales que estaban preparados para enfrentarlo. Esta confianza extrema en sus ideas lo hacía impredecible y le otorgaba victorias memorables en partidas rápidas.
Su éxito en el campeonato de Letonia fue notable: lo ganó en siete ocasiones, un récord que lo consolidó como uno de los máximos referentes del ajedrez letón. Sin embargo, nunca buscó con insistencia la fama internacional. Para él, el ajedrez era más un arte que una carrera y esa visión lo distanció de los circuitos más competitivos.
Se recuerda que en sus últimos años Vitolins se convirtió en una figura de culto en Letonia. Se le veía como un genio incomprendido, alguien que vivía más cerca de la poesía que de la competencia. Sus paseos solitarios por los bosques de Carnikava, antes de su trágico final en 1997 reforzaron la imagen de un hombre que buscaba respuestas más allá del tablero.
Hoy, Alvis Vitolins es recordado como un creador que dejó su nombre grabado en la teoría de aperturas y en la memoria de quienes lo consideran más artista que competidor. Su legado es un recordatorio de que el ajedrez no es solo cálculo y victoria, sino también poesía, riesgo y belleza.
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