Milan Vidmar (Liubliana, 22 de junio de 1885 – 9 de octubre de 1962) fue un hombre que supo habitar dos mundos con igual excelencia: la ingeniería eléctrica y el ajedrez. Mientras sus investigaciones sobre transformadores y transmisión de energía iluminaban ciudades y fábricas en Europa, su estilo sólido y posicional lo mantuvo en la élite del ajedrez mundial durante más de dos décadas. Su vida demuestra que la ciencia y el arte pueden convivir en una misma mente con la misma grandeza.
Se formó en Viena, donde estudió ingeniería mecánica desde 1902, se graduó en 1907 y obtuvo su doctorado en 1911. Como la ingeniería eléctrica era entonces una disciplina emergente, tuvo que rendir exámenes adicionales en fundamentos eléctricos para especializarse. Entre 1912 y 1913 trabajó en Budapest en la empresa Ganz, como asistente de Ottó Titusz Bláthy, uno de los inventores más influyentes en el desarrollo de transformadores. Esa experiencia lo consolidó como especialista en sistemas eléctricos de alta tensión. Más tarde fue profesor y rector de la Universidad de Liubliana, donde fundó la Facultad de Ingeniería Eléctrica y presidió la Academia Eslovena de Ciencias y Artes. En 1948 creó el Instituto de Ingeniería de Energía Eléctrica, hoy conocido como Milan Vidmar Electric Power Research Institute, que sigue siendo un referente en investigación energética. Además de su labor académica, escribió libros técnicos como Transformatorji (Transformadores, 1920), Problemi prenosa elektri?ne energije (Problemas de transmisión de energía eléctrica, 1924), Pogovori o elektrotehniki (Conversaciones sobre electrotecnia, 1930), Med Evropo in Ameriko (Entre Europa y América, 1936, edición alemana ampliada en 1942), Moj pogled na svet (Mi visión del mundo, 1944) y Oslovski most (Pons asinorum, 1936), que reflejan tanto su rigor científico como su interés filosófico.
Al mismo tiempo, Vidmar se mantuvo en la élite del ajedrez mundial entre 1910 y 1930. Estudios retrospectivos como los de Jeff Sonas estiman que alcanzó un rating histórico de 2731 en 1917–1923, situándose como cuarto mejor jugador del mundo detrás de Lasker, Capablanca y Marshall en 1917, y detrás de Capablanca, Alekhine y Rubinstein en 1923. Conviene aclarar que estas cifras son reconstrucciones modernas y no ratings oficiales de la época. Vidmar participó en torneos célebres como San Sebastián 1911, donde compartió el segundo lugar con Rubinstein detrás de Capablanca; Berlín 1918, donde ganó un torneo frente a Rubinstein, Mieses y Schlechter; Londres 1922, donde fue tercero detrás de Capablanca y Alekhine; Hastings 1925–26, donde compartió el primer lugar con Alekhine; Semmering 1926, donde fue tercero y derrotó a Alekhine en una partida célebre; Nueva York 1927, donde terminó cuarto en un torneo con Capablanca y Alekhine, logrando además una victoria sobre Aaron Nimzowitsch; y Karlsbad 1929, donde compartió el quinto lugar con Max Euwe y Becker. En 1950 fue nombrado Gran Maestro Internacional en la primera promoción de títulos otorgados por la FIDE y en 1948 fue árbitro principal del Campeonato Mundial que coronó a Mijaíl Botvinnik, lo que demuestra el respeto que inspiraba en la comunidad ajedrecística.
Entre sus logros más notables se cuentan victorias frente a Alexander Alekhine, Max Euwe, Akiba Rubinstein, Géza Maróczy y Aaron Nimzowitsch, además de haber conseguido tablas con José Raúl Capablanca, campeón mundial entre 1921 y 1927. Estos resultados consolidaron su imagen como un rival temible, capaz de medirse de igual a igual con las figuras más influyentes de su tiempo. Su estilo era sobrio y posicional, difícil de derrotar, reflejo de su mentalidad científica y de su capacidad para mantener la calma en posiciones complejas. Aunque no acumuló títulos con la regularidad de otros campeones, sus triunfos en Berlín 1918 y Hastings 1925–26, junto a sus constantes puestos de honor, lo situaron entre los grandes protagonistas de la edad dorada del ajedrez.
Vidmar también fue escritor y humanista. Su libro más famoso, Goldene Schachzeiten (“Los tiempos dorados del ajedrez”), recoge sus encuentros con Lasker, Capablanca y Alekhine, aportando anécdotas personales y análisis que son hoy una fuente invaluable para comprender el ajedrez de su época. Su legado ajedrecístico continuó en su familia: su hijo, Milan Vidmar Jr. (1909–1986), fue Maestro Internacional y representó a Yugoslavia en varias Olimpiadas de ajedrez en la posguerra, prolongando la presencia del apellido Vidmar en la élite internacional. Hoy, el nombre de Milan Vidmar sigue vivo en los memoriales que se celebran en Eslovenia, como el torneo de Bled, que recuerda su doble grandeza como científico y ajedrecista.
El legado de Milan Vidmar es doble y excepcional. Fue un pionero de la ingeniería eléctrica, creador de instituciones y formador de generaciones de ingenieros, y al mismo tiempo un gran maestro que se mantuvo en la élite del ajedrez mundial durante dos décadas. Su vida es un ejemplo de equilibrio entre ciencia y arte, entre rigor técnico y creatividad intelectual. Su memoria perdura como inspiración para quienes buscan trascender fronteras disciplinares y demostrar que la grandeza puede expresarse en múltiples dimensiones.
ALGUNAS DE SUS MEJORES PARTIDAS
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