Yuri Lvovich Averbakh no solo fue un ajedrecista, fue la memoria viva del tablero y el primer Gran Maestro en cruzar la frontera del siglo de vida. Nacido en Kaluga en 1922, su existencia fue un puente entre las épocas romántica y tecnológica del juego. Su figura, un símbolo de longevidad y sabiduría, se erigió como la del último sobreviviente del legendario Torneo de Candidatos de Zúrich 1953, un evento que definió la edad de oro del ajedrez soviético.
La mente del investigador y el rigor del ingeniero
Su camino hacia la élite no fue convencional. Aunque descubrió el ajedrez a los siete años, su formación como ingeniero mecánico lo vinculó a la supervivencia de su país durante la Segunda Guerra Mundial, reparando maquinaria pesada en fábricas de locomotoras. Averbakh no se consideraba un "asesino" deportivo, sino un explorador de la verdad. Esta mentalidad científica lo llevó a proclamarse campeón de la URSS en 1954, superando a la generación más brillante de la historia. Su estilo era una oda a la profilaxis: sólido y de un control posicional que desesperaba a los tácticos. El ejemplo más claro fue su historial contra el genio del ataque Rashid Nezhmetdinov, a quien dominó con un marcador de 8½ – ½, demostrando que la lógica fría podía sofocar los incendios más creativos.
El legado teórico y la sombra de los campeones
Como teórico de finales, su legado es inalcanzable. Sus manuales, como Comprehensive Chess Endings, transformaron la fase final en una gramática precisa que hoy es referencia obligada. No solo descifró los finales de alfil y caballo, sino que dejó su nombre grabado en el Sistema Averbakh de la Defensa India de Rey. Además de sus propios éxitos, fue la "mano derecha" en la sombra de campeones mundiales como Mikhail Botvinnik y Tigran Petrosian, trabajando como su analista principal. Muestra de su excelente capacidad estratégica fue su partida conta Furman de 1960, añadida en la sección de partidas y en la cual el lector podra deleitarse de principio a fin, todo tiene conexión, es una obra de arte de la coherencia en el juego.
Diplomacia, cultura y el vínculo con TaimanovLa dimensión de Averbakh trascendió las 64 casillas para entrar en la diplomacia y la cultura. Como funcionario ajedrecístico de gran importancia, fue vicepresidente de la Federación de Ajedrez de la URSS de 1962 a 1972 y de 1978 a 1991, y ocupó la presidencia de dicho organismo entre 1972 y 1977, navegando las tormentas políticas del Match del Siglo entre Fischer y Spassky. Su vida personal también respiraba ajedrez: su hija Jane se casó con Mark Taimanov, uniendo a dos de los apellidos más respetados de la historia en un matrimonio que duró diez años. Esta conexión intelectual se extendió a la literatura, donde Averbakh colaboró con el historiador José Antonio Garzón para validar el trasfondo ajedrecístico de la obra de Lewis Carroll, Alicia a través del espejo, demostrando que el relato poseía una coherencia lógica profunda basada en las reglas del juego.
Un siglo de sabiduría y el relevo generacional
Famoso por su integridad, en Zúrich 1953 aceptó una derrota contra Laszlo Szabo tras tocar accidentalmente una pieza, priorizando la ética sobre el punto. En sus últimos años, se convirtió en un pedagogo de la vida; su encuentro simbólico ante el niño prodigio Misha Osipov en 2017 fue un testimonio de la continuidad del ajedrez. Hasta sus últimos días en Moscú, defendió el estudio del ajedrez y la natación diaria como remedios contra el Alzheimer. Yuri Averbakh se fue habiendo conocido a Lasker y analizado a Carlsen, dejándonos la lección de que el ajedrez no es solo competición, sino un fenómeno cultural capaz de contener un siglo entero de historia humana.
Algunas de sus mejores partidas
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