El ajedrez es mucho más que un juego: es un campo de pruebas para la mente humana. Cada movimiento exige cálculo, memoria, intuición y decisiones bajo presión. En octubre de 2025, los investigadores Evan M. Russek, Daniel Acosta-Kane, Bas van Opheusden, Marcelo G. Mattar y Thomas L. Griffiths publicaron un estudio en la revista Cognitive Science. El trabajo, realizado en instituciones académicas de gran prestigio en Estados Unidos, buscó responder una pregunta clave: ¿cómo decide un jugador cuánto tiempo invertir en pensar antes de mover?
El título del artículo habla del “valor de la computación”. En términos sencillos, esto significa que pensar no es gratis: requiere tiempo y energía. En ajedrez, cada segundo que se gasta calculando una jugada es un recurso limitado que puede marcar la diferencia entre ganar o perder. El estudio se centra en cómo los jugadores equilibran los beneficios de pensar más profundo con los costos de gastar tiempo del reloj.
MATERIALES Y MÉTODOS
La muestra
Los autores analizaron un subconjunto de partidas jugadas en Lichess.org durante 2019. En total se estudiaron 12,49 millones de partidas y 519 millones de movimientos. El análisis se limitó a las jugadas entre el movimiento 8 y el 37 de la partida. La razón fue clara: antes predominan las aperturas memorizadas y después aparecen finales poco representativos, a menudo condicionados por apuros de tiempo. Así, el foco estuvo en la fase media de la partida, donde el pensamiento estratégico es más rico y genuino.
Instrumentos de medición
El motor de ajedrez Stockfish, en su versión 14, fue la herramienta principal. La evaluación superficial, a profundidad 1, simula un cálculo rápido, como un jugador que piensa sin profundizar. La evaluación profunda, a profundidad 15, explora secuencias largas, similar a un gran maestro que calcula varias posibilidades futuras. La diferencia entre ambas evaluaciones se definió como beneficio de la computación, es decir, cuánto mejor es la jugada encontrada al pensar más.
Además, se midió el tiempo real que cada jugador gataba en sus movimientos y se convirtió todo a una escala común: la probabilidad de victoria del jugador activo. El tiempo en el reloj se interpretó como un indicador indirecto del esfuerzo mental. Si el jugador tardaba más, se asumía que estaba calculando variantes. La validez de este indicador se confirmó al observar que los jugadores gastaban más tiempo justo en posiciones donde pensar más cambiaba la calidad de la jugada.
Análisis de datos
El estudio se centró en medir cuánto ayuda pensar más en una jugada de ajedrez. Para ello se compararon decisiones rápidas con decisiones más profundas, observando la diferencia en las probabilidades de ganar. Después se analizó cómo ese beneficio cambiaba según el tiempo que los jugadores dedicaban a reflexionar. El hallazgo principal fue que pensar más sí ayuda, pero cada segundo adicional aporta menos que el anterior, como cuando al principio se aprende mucho y luego las mejoras se vuelven más pequeñas.
Un aspecto clave fue la incorporación de la incertidumbre. En ajedrez, aunque un jugador piense mucho en una posición, nunca puede estar completamente seguro de cuál será el resultado de esa jugada. Puede calcular varias variantes, pero siempre queda un margen de duda: ¿y si el rival responde con algo inesperado?, ¿y si la jugada que parecía buena resulta ser un error más adelante? Por eso se calculó un beneficio “esperado”, que refleja la utilidad probable de dedicar más tiempo, sabiendo que nunca hay garantía absoluta. Dicho de forma simple, la incertidumbre es ese margen de duda que acompaña todas las decisiones.
Además, se midió el costo de gastar tiempo del reloj: reflexionar demasiado puede reducir las probabilidades de ganar porque se pierde tiempo para el resto de la partida. Finalmente, se incluyó la fuerza del jugador, medida por el Elo, para comprobar que los más expertos administran mejor sus segundos.
RESULTADOS
Los resultados mostraron que los jugadores dedican más tiempo a pensar en posiciones donde calcular ofrece mayores beneficios. Este comportamiento no es casual: cuando el tablero presenta decisiones complejas o riesgos evidentes, los jugadores ajustan su inversión de tiempo para intentar obtener ventaja. La diferencia entre niveles de habilidad fue clara, pues los jugadores de mayor Elo gestionan el tiempo de manera más estratégica, concentrando sus segundos en momentos críticos y acelerando en fases rutinarias. En ellos, el tiempo adicional se traduce en decisiones de mayor calidad, mientras que los menos experimentados tienden a distribuirlo de forma menos eficiente.
La relación entre beneficio y tiempo no es lineal, sino una curva que al inicio crece rápido y luego se aplana. En términos simples, los primeros segundos extra aportan mucho, pero cada segundo adicional ofrece menos mejora. Este hallazgo refleja la idea de rendimientos decrecientes: pensar ayuda, pero cada vez menos. Al incorporar la incertidumbre, entendida como el margen de duda sobre si pensar más realmente dará mejores resultados, el modelo explicó mejor el comportamiento humano. Los jugadores no maximizan un beneficio seguro, sino un beneficio esperado, ponderando la probabilidad de que pensar más descubra una mejor jugada frente a la posibilidad de que no cambie nada.
Finalmente, se observó que los jugadores son sensibles al costo del tiempo. Reflexionar demasiado en una jugada puede dejar poco margen para el resto de la partida, reduciendo las probabilidades de ganar en fases posteriores. Por eso ajustan su reflexión según lo que les queda en el reloj: con tiempo abundante exploran más, mientras que con tiempo escaso se vuelven más pragmáticos. En conjunto, los resultados revelan una toma de decisiones guiada por tres fuerzas principales: el valor potencial de calcular, la incertidumbre sobre su utilidad y el costo de gastar segundos del reloj.
CONCLUSIONES
El tiempo que un jugador dedica a pensar refleja una sensibilidad inteligente al valor de la computación. Los ajedrecistas no piensan al azar: ajustan su esfuerzo mental según cuánto puede mejorar su jugada y según el costo de gastar tiempo. Esta capacidad se perfecciona con la experiencia y el nivel de juego.
Además, los autores destacan que el tiempo se convierte en un recurso estratégico comparable a las piezas del tablero. No basta con calcular bien: también hay que administrar los segundos disponibles con precisión. En este sentido, el manejo del reloj se revela como una habilidad que distingue a los jugadores expertos, quienes logran transformar cada segundo en una ventaja competitiva.
DISCUSIÓN
El estudio conecta el ajedrez con teorías de la psicología y la neurociencia sobre la gestión de recursos cognitivos. Pensar se entiende como una acción que debe evaluarse en términos de costo-beneficio. Los resultados apoyan la idea de que los humanos aplican principios de meta-razonamiento: decidir cuándo vale la pena invertir esfuerzo mental. El ajedrez, por su estructura clara y su registro digital masivo, se convierte en un terreno ideal para observar estas dinámicas. Cada segundo frente al tablero es más que un cálculo: es una decisión estratégica sobre cuánto invertir en pensar.
De esta manera, el ajedrez ofrece un modelo único para estudiar cómo las personas equilibran beneficios potenciales con costos reales en situaciones de presión. Lo que ocurre en el tablero refleja procesos cognitivos universales: administrar energía, tiempo y atención en función de objetivos. Así, los hallazgos no solo enriquecen la comprensión del juego, sino que también aportan evidencia valiosa para teorías más amplias sobre la toma de decisiones humanas.
OPINIONES PERSONALES
Este estudio me deja una sensación muy clara: en ajedrez, pensar también tiene un precio. No se trata solo de mover piezas o calcular variantes, sino de aprender a administrar segundos como si fueran monedas de oro. Los investigadores muestran que los jugadores gastan más tiempo justo en las posiciones donde vale la pena hacerlo, y que los más experimentados saben usar ese tiempo con más inteligencia. Lo interesante es que esto confirma algo que cualquiera que haya jugado siente en la práctica: hay momentos en los que el reloj se convierte en un rival más. Decidir cuánto pensar no es un acto mecánico, es una elección estratégica que refleja la madurez del jugador. Los expertos no piensan más por pensar, piensan mejor, y eso marca la diferencia.
Como entrenador me gusta trabajar el concepto de "gestión de tiempo". Esto significa enseñar a los jugadores que el reloj no es un enemigo, sino un recurso que debe administrarse con inteligencia. Gestionar el tiempo implica aprender a reconocer en qué posiciones vale la pena invertir más segundos para calcular y en cuáles conviene confiar en la intuición y mover con rapidez. No se trata de pensar siempre mucho ni siempre poco, sino de equilibrar el esfuerzo mental con la urgencia del reloj. En la práctica, la buena gestión del tiempo convierte cada segundo en una herramienta estratégica, capaz de marcar la diferencia entre una jugada apresurada y una decisión consciente.
En ajedrez, como en la vida, hay que ser prácticos. No siempre podemos calcular todo ni detener el reloj para pensar sin límite. El jugador aprende a "bailar al son que le toquen": a veces la posición exige profundidad y paciencia, otras veces la presión del tiempo obliga a confiar en la intuición y mover rápido. Esa capacidad de adaptación es, en realidad, una de las mayores virtudes de un buen ajedrecista.
La gestión del tiempo también se debe entrenar. Según mis propias investigaciones en el día día como entrenador, una partida suele extenderse alrededor de 44 movimientos por jugador. Este dato, sumado al ritmo de juego y a si existe incremento en el reloj, permite calcular de manera aproximada cuánto tiempo se puede invertir en cada jugada. Además, debemos enseñar que no todas las posiciones requieren el mismo esfuerzo: cuando la partida transcurre por “senderos conocidos”, como aperturas o esquemas familiares para el deportista en el medio juego o final, muchas jugadas se realizan en modo automático, lo que yo llamo “técnica”. En esos casos no es necesario consumir tanta energía ni tiempo, y es importante que los jugadores comprendan esta diferencia para administrar mejor sus recursos mentales y temporales durante la partida.
La gestión del tiempo en el ajedrez se asemeja al trabajo de las amas de casa. Ellas no realizan un aseo profundo todos los días, ese tipo de limpieza exhaustiva en el que se mueve cada objeto y se utilizan todos los recursos disponibles. Ese esfuerzo completo lo reservan para momentos puntuales del año. En cambio, la mayoría de los días hacen un aseo más práctico, suficiente para que la casa se vea ordenada y agradable, sin gastar toda su energía. El ajedrecista vive algo similar: no todas las jugadas requieren un cálculo exhaustivo. A esos instantes de análisis profundo los llamamos momentos críticos, los cuales, en terminos generales de diferentes autores son aquellas posiciones donde ocurren cambios importantes en la posición: intercambios de piezas, transformaciones en la estructura de peones, situaciones tácticas, transiciones estratégicas, entre otros aspectos relevantes que requieren una atención especial y mayor invesión del tiempo para realizar una planificación.
Para mí, los momentos críticos, aparte de lo mencionado anteriormente, con lo que estoy de acuerdo, pero dando una definición desde un punto de vista más general, aparecen cuando se nos acaban las “monedas” de saber exactamente qué hacer en una posición. Son esos instantes en los que la seguridad se transforma en duda, o la posición nos sorprende y obliga a reiniciar el proceso completo de toma de decisiones por ejm cuando el rival nos sorprende en la apertura, Uno de los momentos donde más se pierden partidas, debido a que impulsados por el Ego de no aceptar que nos sorprendieron le seguimos el ritmo al rival y caemos en su preparación casera y perdiendo muy tristemente. Entre más nivel tenga el deportista, menos frecuentes serán estos momentos críticos, ya que su preparación técnica y su experiencia le permiten recorrer con confianza un mayor número de posiciones sin necesidad de invertir tanta energía en cada una.
Los momentos críticos siempre están presentes en las partidas, lo que cambia es la modalidad en la que se compite y el tiempo disponible en el momento de tomar la decisión. Es evidente que si contamos con pocos segundos no podremos realizar el proceso completo de toma de decisiones con la misma profundidad que si tuviéramos más tiempo. Por muy rápido que funcione el motor táctico de un jugador, la probabilidad de equivocarse aumenta cuando el reloj aprieta. Por eso vemos a Magnus Carlsen jugar de manera brillante incluso a un minuto, pero aun así, la calidad de sus decisiones sería al menos un poco mejor si dispusiera de más tiempo.
Por último quiero compartir una propuesta de trabajo muy personal que aplico en el día a día. Divido el tiempo disponible en cada modalidad y de esta forma asigno un espacio específico para los momentos críticos y otro para las jugadas restantes, porque incluso en las jugadas más simples siempre es necesario corroborar que se está siguiendo lo previsto. En el ajedrez clásico, la media estándar que manejo en la mayoría de las sesiones de entrenamiento es de entre 5 y 10 minutos máximo para los momentos críticos. Es cierto que a veces puede parecer muy poco, pero en el ajedrez el tiempo no es infinito y debemos dosificarlo para que luego no ocurra el famoso: “profe, la tenía ganada y la perdí”. ¡Es mejor estar preparados!
Casi cualquier posición que les pongo a evaluar a mis alumnos, cuando el objetivo es entrenar la modalidad clásica, se trabaja en ese rango de tiempo. Dentro de esos minutos deben aplicar todas las herramientas de estructura de pensamiento que entrenamos: el REMA, el Top 3, la escala de toma de decisiones, las jugadas candidatas y el proceso de cálculo. De esta manera busco que se acostumbren a realizar el proceso de la forma más funcional posible, optimizando el tiempo en el reloj, aclarando que para lograr esto se requieren meses y años de trabajo. Obviamente, para entrenar las modalidades más rápidas debemos acondicionar los tiempos de reflexión de acuerdo con cada ritmo de juego, porque cada modalidad exige un ajuste distinto en la gestión del tiempo. Hace un tiempo dí una master class para Eleva tu ajedrez, en la que expongo una parte de estos métodos de evaluación posicional, puedes abrir el vínculo y recordarla:¿Cómo encontrar planes y mejores jugadas en ajedrez? Algoritmo R.E.M.A
Si deseas obtener más detalles sobre el estudio: Time Spent Thinking in Online Chess Reflects the Value of Computation, puedes consultar Aquí

FM FAIBER LOTERO
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Entrenador colombiano de ajedrez, entrenador de la liga de ajedrez de Bogotá, Director metodológico en la Academia Eleva tu Ajedrez, integrante del grupo de investigación GRICAFDE Universidad de Antioquia, especialista en entrenamiento deportivo, especialista en Psicología del deporte y la actividad física, licenciado en educación física y deportes, diplomado en administración deportiva Comité Olímpico colombiano, diplomado en organización de grandes eventos deportivos Comité Olímpico,Instructor FIDE, Georgia 2018, escritor del libro la Planificación del capitán Olímpico de ajedrez. Entrenador de deportistas títulados.
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